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Feliz Navidad

La navidad tiene su origen en la religión cristiana, que durante estas fechas celebra el nacimiento de su mesías, Jesús de Nazaret. Y si bien no puedo considerarme un practicante del cristianismo, debo decir que la navidad tiene sobre mi un efecto particular: me genera un apego a mi familia que quizás no lo note a lo largo del año.

El nacimiento de una persona es algo que siempre moviliza a las familias (y muchas veces une), y quizás ese espiritu de celebrar el natalicio sea lo que me lleva a extrañar a los míos y más aún cuando muchos de ellos están lejos y otros tantos ya no están. La familia siempre es lo más importante en la vida de cualquier persona, sin ella toda la estructura se desmorona. O al menos la mía.

La familia (y también los amigos) son los que siempre nos agarran de la mano cuando estamos por bajar los brazos, los que tienen las palabras de aliento para esos momentos difíciles, los que nos levantan una y otra vez después de cada caída, y nunca van a dejar de hacerlo, porque nos quieren y saben que no pueden abandonarnos en medio del camino sinuoso.

Con algunos brindaremos hoy y recibiremos su abrazo. Con otros quizás debamos esperar algunos días más y hoy nos conformaremos con un llamado telefónico. Pero hay un tercer grupo, que son aquellos con los que ya nunca podremos volver a brindar, y es por ellos que la copa deberá ser alzada al aire y así invocar el recuerdo de los que se fueron hace tiempo, pero que nunca nos abandonaron.

Les deseo a todos que tengan una celebración en familia, rodeados de afectos, de cariño y de gente que hace bien. Disfruten de los suyos, de sus anécdotas, de sus charlas, de los abrazos cuando suenen las campanas; y brindemos por la alegría de estar juntos, aunque algunos estemos lejos.

Salud!

Recordar es saber olvidar

Recordar es parte del proceso de renunciar a las cargas emocionales del pasado. Paradójicamente, recordar es parte del proceso de dejar atrás el mundo y poder seguir viajando, ya un poco más livianos. Es saber que lo que viene a nosotros es parte del pasado, ya no existe más, es un simple recuerdo, bello y feliz, triste y gris, o carente de sensaciones. Aunque por lo general, los momento insípidos son los que menos abundan en nuestro racconto: solemos recordar, casi con irracional exclusividad, lo que nos hizo sentir algo; todo lo demás son simples anécdotas.

Aunque parezca un trabalenguas sin sentido, recordar es el primer paso para poder olvidar. Y no hablo de olvidar en el sentido figurado, sino mas bien como una suerte de “dejar atrás” lo momentos que quisiéramos (y nunca podremos) olvidar.

Aceptar que nuestros recuerdos son figuras intangibles que nos acompañaran toda la vida, aún en contra de nuestra voluntad, es una tarea harto difícil para mi, y estimo que para muchos otros más. Tal vez sea porque los recuerdos son buenos, tal vez porque nuestro presente es aburrido, o tal vez porque nuestro futuro no despeja y seguimos viendo nubes en cualquier rincón del cielo donde decidamos mirar.

Reconocer que el pasado es parte de nosotros y los recuerdos son simplemente una carta de presentación de ese pasado es otra de las situaciones que cotidianamente enfrentamos cuando vienen a nosotros esas fotos viejas que te roban una sonrisa nostálgica; de esas que apenas obligan una pequeña mueca en el rostro, pero te sacuden el alma como un terremoto.

Dejar atrás todas esas sensaciones no siempre es lo que buscamos, porque nos ayuda a sentirnos vivos. Todo necesitamos un poquito de esa nostalgia para darnos cuenta de que supimos sentir, supimos vivir. Pero a la vez necesitamos sentir unos gramos de esperanza para darnos cuenta de que la nostalgia de ayer pueden ser anécdotas mañana, y que la nostalgia de mañana deberá nacer del hoy. Porque debemos vivir del hoy. Inventar la nostalgia del hoy, y también la de mañana.

Aceptar, reconocer, dejar atrás… son caminos para “saber” recordar. Para aprender que las memorias de nuestras emociones no se borran, por más hermosas, dolorosas o lejanas que sean. Para acostumbrarnos a convivir con ellas, y que aquella lección no aprendida en ese entonces nos sirva de enseñanza para hoy, o para mañana. O para otros.

Me declaro incompetente aún en el manejo de mis memorias. Solo puedo decirles que siempre que miro para atras recibo una nueva enseñanza. Sigo siendo alumno de mi propio camino. Al fin y al cabo de eso se trata…

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Quiero ir, pero no quiero dejar atras lo que tengo.

Quiero viajar, pero quiero llevarme todo lo que necesito.

Quiero llegar, pero no quiero terminar de recorrer el camino.

Quiero quedarme, pero no quiero perderme lo que me espera.

Quiero llorar, pero no quiero olvidarme de lo que me hizo reír.

Quiero reír, pero no puedo evitar el llanto de recordar esas risas.

Quiero creer, pero es imposible no reventar.

Quiero crecer, pero no quiero dejar de ser niño.

Quiero ser niño, pero no quiero que me digan que hacer.

Quiero perderte, pero no quiero volver a encontrarte.

Quiero encontrarte, pero no quiero volver a perderte.

Quiero ganar, pero no quiero desconocer la derrota.

Quiero perder, pero no quiero que se haga costumbre.

Quiero que sea ya, pero quiero esperar un poco.

Quiero saber esperar, pero quiero saberlo ya.

Quiero amar, pero no quiero hacerlo sin sufrir.

Quiero sufrir, pero no quiero que sea para siempre.

Quiero estar loco, pero no quiero perder la cordura.

Quiero errar el camino, pero no quiero perder la dirección.

Quiero abrazar mi destino, pero no quiero que decida por mi.

Quiero ser yo mismo, pero no quiero ser siempre igual.

Quiero cambiar, pero no quiero dejar de ser lo que soy.

Quiero pero no quiero, no quiero pero quiero… Quiero muchas cosas, pero no quiero otras tantas… ¿será posible?

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Me dejaste

Me dejaste un cenicero lleno de nuestros planes, un ramo de recuerdos que se fueron marchitando con el tiempo. Aquella última vez que te vi, no solo el cielo estaba gris, sino también mi vida. El agua no solo caía del cielo, sino también de mis ojos. Te llevaste el brillo de tus ojos, y con ellos la luz.

Me dejaste en una tarde de abril, aunque no fue sino hasta caídas las primeras hojas del otoño que nuestras miradas entenderían que la magia se terminó.

Me dejaste un cuadro lleno de momentos felices que terminaron en un cajón; junto con muchos regalos que probablemente nunca verán de nuevo el sol, agolpados todos en un rincón del pasado donde nadie querrá buscar, ni siquiera yo.

Me dejaste un corazón partido al medio, triste, envenenado, triste, furioso, triste, nostálgico, triste, vacío… triste. Te llevaste los latidos, la fuerza, la alegría, la risa… me dejaste un alma que no podía cargar con su pena, y mucho menos con la mía.

Me dejaste solo, a merced del mundo y de mi propia maldad. Solo. Sin ese futuro que alguna vez soñamos abrazados.

Me dejaste listo para volver a empezar. Me dejaste, tal vez sin quererlo (y sin que yo lo quiera) en la línea de partida para arrancar de nuevo.

Me dejaste ante la maravillosa oportunidad de comenzar de 0, de aprender  del pasado para mejorar el futuro. Crecer desde el dolor de ya no ser, para volver y ser mejor.

Me dejaste un depósito lleno de preguntas que el tiempo y el espacio fueron respondiendo, hasta casi dejarlo vacío.

Me dejaste enseñanzas que logré aprender. Desafíos que logré superar. Días interminables que hoy son tan cortos que las horas no me alcanzan.

Me dejaste herido aquella tarde de abril. Hoy, tiempo despues, soy yo quien te deja. Te dejo en los recuerdos, y guardada en el corazón. Te dejo ser parte de mi pasado, pero ya no mas parte de mi.

La despedida

Él estaba nervioso, caminaba presuroso para llegar al encuentro. Ella ya estaba ahí, esperándolo recostada sobre un pequeño árbol, como le había prometido. En el camino él iba a pensando cómo sería, como lo miraría y como devolvería la mirada, ¿sería finalmente para él?

Llegó a la esquina y la vio, se acercó a paso cansino como si sus piernas quisieran contradecir los latidos de su corazón, que intentaba escapar de su pecho. Una vez frente a frente ella saludo con un beso en la mejilla, y en ese instante él supo que algo podría pasar.

Caminaron juntos, a la par, como siempre lo hacían. Ella a su derecha y él, con su brazo recorriéndole la espalda, parecía protegerla del mundo para que por ese instante solo fuera suya. Algunos metros más allá encontrarían el rustico banco que sería único testigo de su noche.

El miró a través de sus ojos y no pudo contener sus lágrimas. Una emoción extraña lo invadía, lo hacía temblar, sudar en frio, y llorar. Ella pidió: “No llores”, y él rogó: “No te vayas”, y su rostro lanzado en llanto sonrió. Ella lo miró, y con una tierna sonrisa dibujada tristemente en su rostro, lo entendió. Fue una de esas sonrisas que parecen regalar compasión, pero que comparten nuestro sufrimiento. En ese momento el tiempo se detuvo, los dos supieron que ese fue el instante en que todo acabó, realmente acabó.

Ambos agradecieron, ambos pidieron perdón, ambos lloraron, ambos rieron, ambos sabían que era el momento de decirlo todo, que no habría otro adiós. Sabían que todo terminó, para siempre, o tal vez no.

“Está haciendo frío” avisó ella. Y tenía razón. “Vamos, ya no hay más que decir” suspiró, abatido, él.

Se levantaron y nuevamente caminaron juntos, a la par. Ella a su derecha, y él con su brazo sobre su espalda, protegiéndola del frio, aunque fuera por última vez. Llegaron al auto de ella, “¿Te llevo?” ofreció gentil. “No, prefiero caminar” respondió, seguro, él. No podía imaginar ese viaje, nadie hubiera podido. ¿Qué sentido tenía estirar por 15 minutos lo que ya había muerto hacía mucho más que 15 días?

Por un instante todo volvió a detenerse y quedaron cara a cara, sería la última. Él no se animo, ella tampoco; y así el famoso “beso de despedida” no fue parte de la cita. El la miró fijo y citó a Los Rodríguez: “Ella dijo que te vaya bien, yo le dije buena suerte y hasta luego, y nunca más la volveré a ver o tal vez sea en algún tiempo”; y ella se quebró en llanto, sabía muy bien lo que estaba pasando, aunque tal vez no tenía tan claro el por qué, y lo abrazó… y entendió que no lo entendía pero tenía que hacerlo, y lloró. Y se subió a su auto, y lloró.

Él se dio vuelta y empezó a caminar, sin mirar atrás, ya no había nada que ver, ni que decir. Solo giró cuando escuchó que el coche ya había partido, y se detuvo nostálgico a mientras se alejaba. Y el auto jamás se detuvo, esfumándose en el horizonte con sus recuerdos, sus proyectos, su vida. Dentro de él se marchaba el amor que supo ser y ya no era, y que jamás volvería a ver, o tal vez sea en algún tiempo.

Viajando

Llega un momento en que uno se da cuenta de que no todo será como lo pensó en aquellos buenos tiempos. Afortunadamente eso no quiere decir que será peor, tampoco quiere decir que será mejor, simplemente será diferente. Y esa diferencia nos invita a transitar un camino, un viaje hacia ese nuevo y desconocido lugar que nos espera para mostrarnos algunas cosas novedosas, reecontrarnos con algunas viejas y cambiar algunas contemporaneas.

Pero no es tan simple como un viaje Buenos Aires – Rosario; y a decir verdad, si fuera así sería bastante aburrido. Es un tanto mas complejo, está plagado de suelos diferentes, de momentos de sol, de lluvia, de niebla, de oscuridad, de luz, y una detras de otra vamos encontrando paradas obligadas y de otras deseadas. Y ya que venimos en la onda del viaje, una de esas paradas deseadas (y hasta obligada diría) son, justamente, los viajes.

Trasladarse a otro paisaje suele tener efectos bastante positivos en el ánimo de la gente. Ya desde el mismo momento en que nos subimos al auto (o tren, o avión…), ya nos sentimos diferentes, nos sentimos mejor, nos sentimos positivos… “este viaje va a estar bueno”, aunque sea por quince días, dos días, un día o una tarde. Y ni hablar si uno realiza esos viajes con gente querida, son el doble de buenos.

Los viajes fortalecen, no solo al espiritu, sino tambien a las relaciones. Las anécdotas, los mates compartidos, las risas, los llantos, los buenos y malos momentos; todas esas situaciones nos fortalecen, nos ayudan a crecer como personas, como amigos, o como pareja.

Los viajes nos enseñan cosas. Compartir un viaje es aprender sobre los demas; y sobre nosotros mismos, gracias a los demas. Los viajes enriquecen cultural y humanamente. Desde el lugar que estamos visitando, hasta conocer que había algo que nos gustaba y aún no nos habíamos enterado. Aunque a veces puede no ser tan saludable, porque tambien nos enriquece el colesterol y el sobrepeso si el viaje es con amigos amantes de los asados y el buen vino.

Los viajes nos renuevan, porque tienen ese extraño poder de hacernos sentir mejor con tan solo comenzar a planificarlo. A lo largo del último año tuve la suerte de poder hacer algunos viajes con la grandisima fortuna de hacerlos en compañia de amigos y gente muy querida, y comprobar que al menos a mi me renovaron, que aprendí un monton de cosas nuevas, y que me curaron algunos dolores y ayudaron a cicatrizar algunas heridas.

Ya que la vida es un viaje, creo que no hay nada mejor que vivirla viajando.

¿Que piensan ustedes de los viajes? ¿Cuál fue el último viaje que hicieron en el que sintieron todo esto?

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La radio me contó hoy que una canción de la española Rosana dice algo así como “… que la vida son dos trazos y un borrón…”. Es un concepto interesante ese de que por cada paso que damos hacia adelante, siempre podemos encontrar una necesidad de volver hacia atrás para corregir nuestros errores. Y como volver atrás es físicamente imposible, nuestra  mejor posibilidad para suturar las fallas es a través de los cambios.

Solemos decir que no nos arrepentimos de nada de lo que hicimos; pero, por dentro, bien sabemos que muchas cosas podríamos haberlas hecho algo mejor. Y también sabemos que si tuviéramos la posibilidad de volver a empezar, le pondríamos el parche a ese agujerito; o hasta enfrentaríamos las cosas de una manera totalmente diferente si es que en la primera rueda lo hicimos tan mal. El tiempo es lo único que nunca se volverá a presentar de igual manera otra vez, pero las oportunidades pueden presentarse muchas veces, y es ante ellas que existe la posibilidad del cambio.

Aún así, no es tan simple renunciar a nuestras ideas y recuerdos y decir “creo que es mejor así”. El costumbrismo y la tranquilidad de saber que lo hecho resultó bien son los grandes enemigos del cambio, son los rivales a vencer si queremos ser capaces de “comenzar de nuevo” y averiguar, empíricamente, cuál era la mejor opción.

No es tan simple llegar al punto en el que decidimos nuestro “borrón y cuenta nueva”. No es tan simple llevarlo a cabo tampoco, el borrón implica olvido y el olvido implica dolor, aunque en el largo plazo nos regale paz. Implica el riesgo de dirigirse en la dirección que decidimos evitar antes, y estar a ciegas sobre desenlace de esa nueva historia.
El “borrón y cuenta nueva” es un proceso largo y sinuoso; pero que da como resultado una libreta en blanco para empezar a escribir historias frescas, libres de vicios y personajes pasados (buenos y malos).

Creo que es un buen momento para arrancar con una cuenta nueva… tal vez sea la época del año.

“Llegaremos a tiempo…”

Seba.-

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Otro año que se va

El 2009 se va, con mas penas que glorias, cicatrices de algunas heridas y augurios de un mejor 2010. Cicatrices que empiezan a vestir heridas que hace tiempo estan abiertas, y que solo mas tiempo las terminará de cerrar. Augurios que vienen de la mano de gente que he logrado conocer, que he profundizado en su amistad y que me han ayudado a levantarme en momentos muy malos.

El 2009 se va y, obviamente, no volverá; pero a pesar de haber sido un año tirando a malo, será seguramente un año inolvidable, ya que los dolores mas profundos y la felicidad incipiente son momentos que recordaremos siempre, algunos con dolor, otros con nostalgia, otros con alegría y otros, tal vez, con indiferencia…

Todos los años, llegado este momento, cada persona que conozco hace su balance. Qué fue lo mejor, qué fue lo peor, qué podría haber sido mejor. Hay años buenos, otros no tanto, y otros que directamente son malos. Para mí, este fue un año al que le calza perfecto el traje del blog: gris.

No tengo grandes motivos para festejar, pero si tengo un gran motivo para estar triste, aunque por suerte tambien tengo amigos y familia que me dan motivos para estar contento; pero hay mucha gente que ya no me rodea, aunque tambien hay gente nueva que trae energías nuevas… y así podría estar enumerando un sin fin de situaciones que le dan a este cierre de año el equilibrio perfecto para que ambos platos queden en la misma linea: lo bueno y lo malo, esta vez pesan lo mismo.

Seguramente mi año no haya sido tan malo (o tan bueno) como el de otras personas, pero fue mi año y es sobre lo que yo puedo llorar y sobre lo que yo puedo reír.

Extrañaré muchos momentos de este 2009, extrañaré mucha gente que en este 2009 se perdió en el camino, extrañaré muchas fotos que guardo en el corazón y en la memoria; pero seguramente no extrañaré a mis amigos, ya que ellos serán mi compañia en el 2010, no extrañaré a mi familia, ya que ellos serán mis razones en 2010.

El 2009 se vá, para darle paso al 2010. Para empezar, el numero es lindo. El 10 es un sinonimo de excelencia, en muchos ámbitos como lo académico o el deporte. Y por eso, ojalá que el 2010 sea un año excelente para todos. Que las heridas pasadas terminen de sanar, y que los objetivos sean alcanzados.

Recibamos el 2010 con esperanza y con las intenciones de que sea el mejor año de nuestras vidas, hasta el 2011.

Yo haré ese intento, luego el tiempo hará de las suyas y dentro de un año veremos los resultados.

Slds.

Seba.-

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Música en ascenso

De los amigos de Romance en el Alba

Pasen por aca y escuchen

Slds.

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Te sueño

Esta tiene un par de años ya…

Te sueño
Te siento…
Te beso…
Me tienes…
Me abrazas…

Como en un sueño…
Los minutos pasan…
Nuestro tiempo se exprime…
Me aferro a tu mano…
Pero la pierdo…
Te desvaneces…
Todo se torna borroso…
Estoy muriendo???…
No, no es eso…

Despierto…
Fue solo un sueño???…
Los pájaros me ensordecen…
El sol brilla quemando mis ojos…
Pero mi día comienza lluvioso…
Tú no estas aquí…
Mi cielo esta gris…
Otro día sin tí…

Como un vampiro espero la noche…
Y soy feliz bajo el manto de estrellas…
Porque una vez mas cierro mis ojos…
Y otra vez estas ahí…
Te siento…
Te beso…
Me tienes…

Slds.

Seba.-

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