La navidad tiene su origen en la religión cristiana, que durante estas fechas celebra el nacimiento de su mesías, Jesús de Nazaret. Y si bien no puedo considerarme un practicante del cristianismo, debo decir que la navidad tiene sobre mi un efecto particular: me genera un apego a mi familia que quizás no lo note a lo largo del año.
El nacimiento de una persona es algo que siempre moviliza a las familias (y muchas veces une), y quizás ese espiritu de celebrar el natalicio sea lo que me lleva a extrañar a los míos y más aún cuando muchos de ellos están lejos y otros tantos ya no están. La familia siempre es lo más importante en la vida de cualquier persona, sin ella toda la estructura se desmorona. O al menos la mía.
La familia (y también los amigos) son los que siempre nos agarran de la mano cuando estamos por bajar los brazos, los que tienen las palabras de aliento para esos momentos difíciles, los que nos levantan una y otra vez después de cada caída, y nunca van a dejar de hacerlo, porque nos quieren y saben que no pueden abandonarnos en medio del camino sinuoso.
Con algunos brindaremos hoy y recibiremos su abrazo. Con otros quizás debamos esperar algunos días más y hoy nos conformaremos con un llamado telefónico. Pero hay un tercer grupo, que son aquellos con los que ya nunca podremos volver a brindar, y es por ellos que la copa deberá ser alzada al aire y así invocar el recuerdo de los que se fueron hace tiempo, pero que nunca nos abandonaron.
Les deseo a todos que tengan una celebración en familia, rodeados de afectos, de cariño y de gente que hace bien. Disfruten de los suyos, de sus anécdotas, de sus charlas, de los abrazos cuando suenen las campanas; y brindemos por la alegría de estar juntos, aunque algunos estemos lejos.
Salud!

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